LA DULZURA PLATEADA

A Blanca

Tu dulzura no es
                humana.
¿De qué estrella has volado?
Eres la suave playa
                de cada día,
la escalera en blanco,
                perfumada,
                del «te amo».
Eres la sonrisa,
                en vuelo permanente.
Eres inagotable,
                inalterable,
                como el rostro
                sin maquillaje de la mar.
Por eso, sobre todo,
te amo.
Por ser la dulzura
                plateada
                de una estrella.


TU VOZ

Tu voz,
ese rayo nacido de la luz,
ese cabo que me amarra a la vida.

Tu voz,
caliente y temblorosa,
hecha amor por la distancia.

Tu voz,
que mata inquietudes,
que mece mi ansiedad.

Tu voz,
hoy, ahora, ayer,
un delfín protector de mi soledad.

Tu voz,
cada día,
levantando bloques de amor,
levantándome.

Tu voz,
el rostro de un corazón,
mi corazón.


ASÍ, QUIZÁ

Como nacida de la piedra,
quizá de la esmeralda
                del Gran Pensante,
o quizá de las manos de
                cristal del vacío,
como nacida de la sonrisa
                de un sol naciente.
Así, quizá, puede llegar
                una mujer al corazón
                de un hombre.


SOLEDAD

Soledad oscura,
tan negra que hasta el
amor se pierde
en ella.

Hoy, asomado a mí mismo,
he visto su cara.

La soledad emerge silenciosa,
mostrando sus heridas,
muda de razones,
muerta entre los vivos.

Soledad es niebla,
tan espesa que ni los muertos
la cruzan.

Hoy, asomado a mí mismo,
he visto su rostro:
perfil infinito de la impotencia.

Se abre para nadie,
se cierra para todos.

Dios guarde a los hombres
de su mano de piedra.


MUERO POR VIVIR

Todo es extraño,
todo menos tu nombre.

Las gentes se apresuran,
pero sólo son estelas:
                se borran en el océano de mi soledad.

Nadie puede reconstruir
tu arquitectura de amor.

Son esfuerzos vacíos,
tan lejanos que no alcanzan
                mi horizonte.

Todo es extraño,
todo menos tu nombre.

Los golpes son ecos en mi corazón.
Ya no cuentan como las miradas.
Mi ojos —como el corazón—
                miran sin ver.

Todo es extraño.
Hasta mi imagen, reflejada
                en mis silencios.

Alguien ha cambiado el curso
                de las cosas.

Y muero por vivir…


DÉJAME SOÑAR

Esta noche, mi amor;
déjame soñar:

Déjame poner alas a mi
                destino

Déjame llegar a ti.

Esta noche, mi amor;
déjame cambiar el deseo
por el imposible de tu abrazo.

Hoy me consumo en la brasa
                de los sueños.

Mañana,
a la luz de tus ojos de niña,
yo seré realidad.

Y esa noche no habrá sueños,
ni distancia,
ni ausencia.

Esa noche, mi amor,
mis manos envolverán tu nombre
                para siempre.


NOCHE

Noche gris.

Una rosa se abre conmigo.

Minuto a minuto,
poniendo dolores geométricos,
gimiendo por un amor
                que se dehoja
                en la distancia.

Noche negra.
Cargada de presagios
                bajo las bayonetas
                del trueno ajeno.

Noche interminable.
La rosa de la distancia
                —muda compañera—
                me grita tu amor.


LA ÚLTIMA SONRISA

Nunca recobraré la paz.

Jamás volveré al amarillo
de los sueños,
ni a la docilidad de la ilusión.

He perdido el tren sin ruedas
de los recuerdos.

Y he visto alejarse,
quejumbrosa,
la brisa de la amistad.

He dejado de ser niño,
sin querer.

Y ha caído a mis pies
la última sonrisa.


SUEÑO CON VOLVER

Y hoy,
tan lejos de mi mar,
me han robado el despertar.

Y sueño con volver...

Mi horizonte
ha perdido las crines espumosas.

Las caracolas, tierra adentro,
sólo son sueños descarnados.

Las estelas, tierra adentro,
se han petrificado.

¿Quién dibujará ahora
albas azules en mi destino?

Sólo el recuerdo, tierra adentro,
despinta mi presente.

Y sueño con volver...


VENDAVAL

Yo también puedo escribir
los versos más tristes esta noche...

Como un presagio,
el vendaval ha salpicado mi corazón.

Ha saltado desde las tinieblas,
recordándome quién soy.

Puedo escribir con él
que todo es oscuro;
que mi horizonte se ha borrado;
que ya sólo ondean las banderas del recuerdo.

Como el monstruo de la razón,
como la sombra prohibida,
como los ojos sin fin de la noche,
así ha saltado el vendaval sobre mi soledad.

Y yo —sin timón—
me he ido con él.

Quizás, algún día,
mi proa despierte con el alba.

Mientras,
sólo los cuchillos del vendaval
descargan hielo en mi corazón.

Mientras, yo también puedo escribir los versos más tristes esta noche...

Puedo escribir la tristeza,
porque yo mismo soy la tristeza.


SÓLO ESPUMA

Yo creí en ti.
Me fundí en tu mirada.
Tracé, día a día,
la estela de un nuevo rumbo.

Pero hoy, al anochecer,
la mar se ha fundido con mi desesperanza.

Yo creí en ti.
Construí en la soledad,
sin saber que el amor
es cosa de dos.

Y ahora,
al encallar en tu indiferencia,
mi casco se ha hendido.

Puedo palpar las tinieblas.
Puedo moldear,
¡oh Dios!,
mi propia desolación.

¡Qué lejos estoy de mí mismo!
Tú eres sólo espuma.
Espuma que escapa entre mis dedos.


RÍO BARBATE

Hoy vengo a llorar junto a ti.
Mis lágrimas también han nacido tierra adentro.

Mi pena,
como tu corazón azul,
también es arrastrada hacia la barra de mi destino.

Yo no arrojaré mis errores a tu paso;
ya lo hacen quienes te ignoran.

Hoy quiero besarte con mi llanto.
A cambio,
líbrame de la amargura de ser hombre.

¡Quién pudiera acompañarte!
Quisiera jugar sin tregua
a la aventura de la sal.

Ojalá supiera mirarme en tu ancianidad.
Quizá recobrase la libertad blanca
con que Dios pintó tus gaviotas.


ANCLAS DE LA ALMADRABA

En tierra, soldados enlutados.
Vigías encorvados por la nostalgia.
¡Volved a la mar!
Sólo allí centellea vuestro arco sin cuerda.
¿Quién os arrancó del silencio sumergido?

Yo también quiero arriar mi ancla.
Yo también rezo por mi retorno a la bahía,
de la que nunca debí alejarme.

Anclas de la almadraba,
desnudas al sol de la impotencia.

Yo también espero el día soñado
de mi vuelta a las profundidades de la libertad.


LA ÚLTIMA PLAYA

Como la vieja «Perla del Océano»,
así ha encallado mi vida.

Cansado de navegar,
mi casco ha perdido el rumbo.

Las gaviotas del amor,
al volar sobre mi pesado mástil,
chillan sin piedad.

Sólo me empuja
la marea de la tristeza.

Sólo me salpica
la espuma de los recuerdos.

Mi nombre se ha perdido
en la estela de la soledad.
Así arribo ya a la última playa.

Soy un barco perdido.
Ya no cuentan las pasadas singladuras.
La mar no lleva la cuenta.
La mar sólo escribe una vez.


LAS OLAS

Las olas se han vuelto violetas.

Es el último milagro del sol.

Los caballos desbocados del levante s
alen a flote.

Y se hieren los cascos blancos
contra el roqueo.

Hay quien asegura
que volverán convertidos en oro y fuego.


NOSTALGIA

Llueve sobre mi corazón.
Es el agua seca de la nostalgia.
La añoranza de un amor perdido.

Nostalgia de los colores redondos
y cósmicos
en la pizarra sin fin de mi niñez.

Nostalgia del que busca la luz
en las cuencas de la calavera terrestre.

Nostalgia del desterrado,
entre desterrados.

Nostalgia, en fin, por los dioses
que un día me engendraron y abandonaron.

Nostalgia de mi verdadera patria,
intuida sólo en la noche blanca de la Vía Láctea.

Otra vez llueve la tristeza
sobre mi corazón...

ESA «U»...

Gaviotas del atardecer.

... Esa «U»
escapada del abecedario. ...

Esa «U»,
blanca y negra,
mitad retorno, mitad adiós.

Gaviotas del atardecer.

¡Quién pudiera arriar la soledad
y unirse a la caravana sin carga
de vuestra libertad!


NIÑA

Niña de perfiles azules.
¡Cuánto te amé!

Niña sin tiempo.
Donde sólo anida
la luz de cada instante.

No sabes de temblores pasados.
No quieres saber de futuras ansiedades.

Niña de amaneceres solitarios.
¡Cuánto te amé!

Quise clavar tus alas en mi corazón,
sin comprender que tú eres el vuelo.

Soñé con capturar tu mirada de miel,
sin saber que acababas de nacer.

Niña de furtivas miradas.
¡Cuánto te amé!


DRAGA

Hermano negro
y de hierro.

Basurero de la flota.

Nadie te sonríe.

Tu nombre es daga.

Has acuchillado
la cama de la mar.

Y regresas,
mil veces,
con tu botín de fango.

«Juan Flaño»,
el más feo...


ESPERANDO

En la espera,
mi amor son estrellas prisioneras.

Esperando un gesto de tus ojos,
mi amor es eco.
Un eco sin retorno,
mudo.

En la espera,
frente a la mar, sufro como la boya solitaria.

Esperando, has pasado junto a mí,
pero sólo eres estela cimbreante.

En la espera,
tu sonrisa ha escapado,
aleteando hacia los que no esperan.

Esperando,
no he sabido mecerte en la corriente de mi amor.

Esperando,
mi vida es ya sólo un contraluz.


ENCINAS

Encinas del Mediterráneo.

Gitanos de rostros redondos.

Eternos brazos en alto.

Perpetua condena.

Encinas del Mediterráneo.

Aterradas ante el «alto»
del viento de Levante,
guardia civil del Estrecho.


LEVANTE

Cuchillos a ras de tierra.

Procesiones de alfanjes
que hieren al Poniente.

Se murió el viejo «Paravientos»
y has ganado la batalla.

¡Ay de nosotros
si la abeja construye arquitecturas de miel
en el fondo de las simas!

Los cuchillos se volverán
serpientes sin cabeza,
 enroscadas desde el Peñón a Doñana.

La mar, de pronto,
ha encanecido.

El acantilado se maquilla de polvo.
Y los hombres,
como la mar,
se cargan de venganzas...


ATÚN AGONIZANTE

Disfrazada de hombre,
la muerte hiere con su pico de hierro.

Y la vida, vestida de agua,
se va por los bicheros.

Ya corre tu sangre,
roja a fuerza de emociones.

Caballero de casco de plata,
cautivo en la niebla sumergida,
derrotado por murallas cuadriculadas.

Tus ojos milagrosos
están aumentando mi dolor.

Llévame contigo.
Llévame a las profundidades invisibles de los cielos.


DUNAS

Dunas mediterráneas.
Mil pisadas de nadie.
Mil caminos
que mañana morirán.

Océano amarillo.

Universo de cristales
por el que rueda la luna negra del escarabajo.

Me asustas.
No comprendo la soledad
de tus sombras onduladas.

Me asusta
la inmensa duna que ciega mi corazón.


«JOVEN ALONSO»

A los 39 pescadores desaparecidos
una triste noche de diciembre de 1960.

Se fueron treinta y nueve
y sólo ha vuelto el recuerdo.

«Joven Alonso», caído en la nada azul.
Hijo robado.
La mar nos ha dejado huérfanos.

Hay un pueblo en deuda con el amor.
«Joven Alonso», arrebatado sin respuesta.
Esta vez, el vendaval no preguntó.

¿Quién te puso argollas de coral?
¿Dónde están tus hombres, los más bravos?
 En mis noches hay aún lágrimas interiores.

Se fueron treinta y nueve
y sólo ha vuelto la nostalgia.
¡Quién fuera paloma submarina!
¡Quién pudiera arrodillarse ante tu tumba!
¡Quién fuera arcón de tu secreto!

«Joven Alonso», amortajado por el temporal.
Buscado sólo en la memoria de los huérfanos.

¿Dónde vigila tu proa vertical?
¿Qué sueños llenan tu bodega?

«Joven Alonso», desaparecido pero no olvidado.
Desaparecido, pero no muerto.

Hoy lanzo rosas
sobre el misterio en movimiento que te cubre.

Se fueron treinta y nueve
y sólo ha vuelto la sombra de una pena.


YA SE VAN

Ya se van los barcos...

El universo, a bordo.
Humo blanco de potaje
y frío en los costados.

Ya se van los barcos...

Como los hombres-niños,
los botes
son arrastrados a su pesar.

Ya se van los barcos...

Nunca supieron
de otros caminos.

Ya se van los barcos
hacia el tesoro de la noche.

Y un hermano varado,
como un aviso,
enseña sus huesos de madera.


QUIERO HUIR CONTIGO

El levante abre las cicatrices
de la mar.

Ha saltado,
marrón y reseco,
desde el Estrecho.

Y huye,
silbando.

Sólo el pico de caramelo de la gaviota
juega en el cielo,
como un recortable infantil.

Quiero huir contigo,
pero mis sueños,
como arena mojada,
están matando mi libertad.


AL FILO DE LA NOCHE

A1 atardecer,
un horizonte rojo monta guardia.

Y madrugadora,
una luna escapa de la mar.

Le ha tomado la delantera a Trafalgar.
Pero, Justo, el farista,
sabe de estas veleidades.

A1 final,
su carrusel de luz
emborrachará a la vieja luna.

Justo lo sabe:
La bruja redonda de la noche es perezosa.

Justo lo sabe:
la breña está cantando ya su nana verde.
Y la luna, sumisa,
bajará pronto a su cuna de jara y lentisco.

Mientras, como aburrida,
la mar asiste al primer suspiro de los luceros.

Es la hora del pistoneo
y la flota aprovecha la tregua
y le abre las entrañas al océano.


EL ÚLTIMO BESO

Del pozo sin fondo de la tristeza
los que la amaron
han rescatado una rosa.

Y con ella,
sin palabras,
han dibujado sobre el recuerdo
la imagen transparente de un sentimiento.

Es la rosa,
sin principio ni fin, del amor.

Nunca tan poco fue tanto. Nunca, un suspiro,
fue tan desgarrador grito.

El último beso,
mitad lágrima, mitad rosa,
está cayendo sobre un nombre que fue amor:
mamá.


MIS AMIGOS MUERTOS

Y un día, tú también te fuiste.
Cayeron tus velas, sin viento.

El velero de tu corazón ha partido,
abandonando los pantanos de este mundo.

Como un sueño,
has volado con el Gran Contramaestre.

Han quedado atrás los potros salvajes de la juventud.
Tu galope es ahora de luz.

Como otro milagro,
eres sinfonía temblorosa entre los luceros.

Te has hecho joven sin nacer.
Tu vuelo me recuerda el dorado de la mariposa.

Eres la promesa cumplida
y la luz que tanto deseaste.


REMENDADORES

Remendadores del océano,
sentados en la paleta de Dios.

Remendadores de la muerte.
El arte juega ahora a la pesca del hombre.

El pico de la gaviota
se ha hecho aguja.

Remendadores de cuencas cuadradas,
siempre humillados sobre colores dormidos.

Remendadores mediterráneos,
retaguardia de la flota,
¿podéis vosotros componer mis sueños?


NADA ES IGUAL

La tristeza se ha hecho vertical.
Y anida,
negra y silenciosa,
en los cipreses de mi soledad.

Ya nada es igual.
La que buscó la luz
se ha ido de la mano de la luz.

Aquí,
en esta orilla,
quedan las lágrimas contenidas
y el pañuelo blanco de un sentimiento.

La tristeza se ha hecho vertical.
Y nos hiere,
negra y silenciosa,
en el corazón sin corazón de tus ausencias

Ya nada es igual.
La muerte,
con su visita horizontal,
ha plantado tristezas verticales.

Ya nada es igual.


ENTIERRO EN VEJER

Sólo van los hombres...

Delante, esa carroza transparente.
La del último viaje.

Más que viaje,
ausencia incomprensible.

Y en «La Corredera»,
un sol sin luto,
mojando de negro mascotas de deudos y amigos.

Sólo van los hombres...

Detrás, al paso,
un silencio endomingado.

Detrás, entre muros encalados,
madres e hijas suspiran en negro.

La muerte, sin saberlo,
une y separa.


ATLÁNTICO

¡Bébete tu belleza,
como yo apuro mi tristeza!

Ríete de mi laberinto,
tú que jamás te has perdido.

¡Bébete tu poder,
como yo bebo la angustia del sinamor!

Cuando me haya ido,
tú seguirás ahí:
indiferente a la melancolía que dejo en cada huella.

Tú las borrarás
con la frialdad de tu color.

Quizás, por ello,
Dios te castigó a la prisión sin muros de las playas.

Quizás, por eso,
porque nunca comprendiste a los hombres,
los hombres saquearán tu corazón.


¿LOCO?

Nadie puso rosas en tu tumba...

Iglesias,
loco para los demás.

Iglesias,
pescador de fantasías.
Farolillo rojo de la flota.
Mercader de sueños.
Bohemio de la mar.
Prisionero de la libertad.

Iglesias,
yo canto a tu locura.

Iglesias,
cuerdo fugitivo de la locura colectiva.

Iglesias,
desterrado hacia ti mismo.
Averío blanco en la estepa de los corazones.
Corsario entre paredes que navegaron.
Héroe caído de la caravana estelar.
Filósofo de pequeñeces.

Iglesias,
muerto por los locos de tierra adentro,
hoy pongo rosas en tu tumba.


VIEJA «PERLA DEL OCÉANO»

Quisieron perderte.
Quisieron cavar tu fosa en el océano.

Pero los hombres no saben tu secreto.
Ignoran que tu alma de madera es inmortal.

Ni las manos redondas del vendaval pudieron contigo
A pesar de los hombres,
tú también has vuelto.

Ellos no saben tu secreto.
No comprenden que apuntas hacia la Historia.

Hoy, dormida sobre estribor,
olvidas al pie de las escaleras espumosas de la mar.
Y el roqueo llora contigo en cada atardecer.

Los hombres no saben tu secreto.
Creen que agonizas bajo la breña,
pero yo sé que aún flotas en mi corazón.

El sol, en su gira de inspección,
alarga tu proa.
Es su regalo diario.

Los hombres no saben tu secreto.
Dicen que la muerte ha robado tu timón.
No han descubierto que la tuya, como la mía,
es sólo una historia de amor.

La espuma canta cada día tu historia interminable.
Te comprendo, vieja «Perla».
Como tú,
yo también quiero recordar mi vida junto a la mar.


VIEJO MOLINO

Osamenta de piedra.
Hoy he pasado junto a ti.

He tratado de despertarte,
pero tu corazón había volado.

Como mi alma,
la tuya se alejó hace tiempo.

Los hombres pasan
y te roban el tiempo.

No saben que eres marinero.
Que tus piedras se han hecho gaviotas.

Tus vigas han desertado.
Ahora forman en el ejército de la breña.

Los hombres están ciegos.
Creen poder amortajarte.

Pero tu corazón,
como el mío,
se ha instalado entre las estrellas.


MI RASTRO

En el ocaso
el sol derrama estelas de bronce.

Son celos de un dios.
Celos de mi estela y de la mar.

¿Por qué si no esa singladura
mágica de cada día?

Blanco, oro y sangre.

El sol hace el quite
a la flota submarina del calamar.

Blanco, oro y sangre.

Mi corazón también se está yendo
hacia el ocaso.

Y al mirar atrás,
mi rastro es sólo humo.

Blanco, oro y sangre.

El humo,
sin rostro,
de la amargura.


AL ALBA

Aguardiente en el puerto.
«Machaco» que abre el día
y su portón de los sustos.

Los lobos de mar,
cuadernas de un pueblo,
están despertando al alba.

Aguardiente en «Rajamanta».
El primer trago,
el más oscuro antes de la pelea salada.

«Machaco» que rasga las penas
y enciende el horizonte interior.

Mientras, al alba,
todos duermen al socaire de los más bravos,
de los que se van con las manos vacías,
de los que, confiados,
se entregan a esa madre que mece o mata.


TARDE, UNA VEZ MÁS

El abismo se abre a mis pies.

La vida se ha encabritado.

En mis manos,
desmayadas,
sólo hay niebla.

He llegado tarde,
una vez más...

Sin querer,
he descubierto el árbol de la Vida.

Pero mi rostro,
prematuramente muerto,
sólo mira ya hacia mí mismo.

Mí tiempo ha pasado.
El sol se ha derramado entre mis dedos.
No recuerdo el color de las estaciones.

A mis pies
sólo veo la brecha del fracaso.

El amor se burla desde la otra orilla.
El amor, para mí,
es sólo el eco de una juventud perdida.

He llegado tarde,
una vez más...


BARCAZAS

Nadie os recuerda.
Y dóciles,
habéis formado el último rebaño.

Se han quedado mudas.
Son calaveras negras.

Ya no mueren los atunes
en vuestro regazo.

Nadie os recuerda.

Como a los hombres,
el olvido afila vuestros rostros.

Es el hombre,
sepulturero de sentimientos,
quien ha abierto fosas de viento,
enterrando vuestros cuerpos de media luna.

Nadie os recuerda.

Y al pie de vuestro silencio atornillado,
rezo para que la mar regrese.
Rezo para que abra los ojos de vuestras proas.


ESTA NOCHE

Esta noche, amor,
se ha arrugado el papel de mi corazón.

Esta noche, amor,
te he dicho adiós.

Sólo la mar, amor,
acompaña el largo camino hacia mí mismo.

Sólo la mar, amor,
toca a rebato por mi despedida.

Sólo la mar, amor,
llena la desolación de mis manos,
lejos de las tuyas.

Esta noche, amor,
bajo la soledad en blanco de las estrellas,
abro la fosa donde caerán los recuerdos.

Esta noche, amor,
antes de partir,
quiero morir definitivamente.

Morir,
como en un sueño,
con tus manos entre las mías.

Esta noche, amor.


RECUÉRDAME

Recuérdame hoy,
en el umbral de la vida.

Recuérdame como soy.
Como el beso que no fue.
Como el último adiós.

Recuérdame como la cita prohibida.
En el huracán de la multitud.
En el filo de tu soledad.

Recuérdame en el laberinto de la lluvia.
Yo estaré en cada suspiro.
Yo seré el primero,
y el último,
en besar tu sueño.

Recuérdame, si quieres,
como el hombre que encalló en su propia playa.
En ese mar que te besó por mí.

Yo estaré en el espejo de tu mirada.
Y en el hielo de la injusticia.
Y en la página en blanco de cada día.

Recuérdame en el amarillo de la hoja que muere.
Cuando más lo necesites,
yo arderé contigo.

Mira a las estrellas que nos unen y separan.
Mi corazón, entonces,
te hará una señal.

Recuérdame,
porque yo seré mucho más que un recuerdo.

Yo seré el hombre que más te amó.


BLOQUES DEL PUERTO

Siento pena por la piedra.
Su alma se ha endurecido.

Parece ajena a mi lamento.
Ni siquiera la conmueve
la locura pulverizada de la galerna.

Le han salido esquinas de calavera,
Su ojo jamás parpadea.

Muere sin querer con la creciente
y, como un milagro,
resucita negra con la vaciante.

Mañana, cuando tú sólo seas un recuerdo,
seguirás aquí, indiferente.
Enamorada del mar.

Siento pena por la piedra.
Con su número, a la espalda,
no sabe que es prisionera de la eternidad.


MUJERES DE LA MAR

Mil besos en blanco,
mil noches sin alba.

Mujeres de la mar,
salada soledad.

Mujeres de la mar,
oscura amargura en cada «oscuro».

Mujeres de la mar,
pescadoras de retornos.

Mujeres de la mar,
navegantes de recuerdos.

Mujeres de la mar,
emparentadas con la muerte.

Mujeres de la mar,
siempre ¡hola!; nunca ¡adiós!

Mujeres de la mar,
eterna mirada al viento.


CAFÉ DE REVUELTA

A Diego y Encarna

Milagro de cada tarde.
Mil relámpagos cautivos del cristal.
Hogar y cómplice...

Mi corazón gotea
bajo la maquinilla niquelada de un imposible.

Té de media tarde:
mi propia sangre derramada en soledad.

Y en medio,
universos voladores en los ojos de Encarna.

Apoyado en el murmullo geométrico de tu casa,
quiero llenar el vaso de mi locura.

Colmarlo,
aunque sólo sea de miradas furtivas.

En la pared,
catorce lances al carbón.
Ellos también esperan un final que no llega.

Diego Revuelta,
torero en el albero ingrávido del espíritu,
siempre al quite de las cornadas de la soledad.

Sigue escuchando
al que nadie escucha.

Sigue llenando mis silencios,
aunque sólo sea con silencio.

Café de Revuelta,
hogar y cómplice.. .


NO SE CANSA LA MAR

Llega sin respiro,
verde y viva,
montada en su redonda eternidad.

¿Es que no se cansa la mar?
¿No se agota ante la roca?
Llega hasta mis pies
y se hace telaraña de cristal.

No importa que el mundo muera.
La mar no se cansa.
Brega en cada ola con brazos blancos.
Es como un cachorro;
nunca mira atrás.

¿No se cansa la mar?
Hasta el sol palidece
y tiembla sobre el lomo de este monstruo,
al que Dios se olvidó de dormir.


«YERBABUENA»

Tan lejos de mi niñez,
como hoy las costas de mí mismo.

«Yerbabuena»,
la última en besar al sol
en el espejo que Dios olvidó bajo la breña.
Espejo que llaman mar.

«Yerbabuena».
Amores prohibidos.
«Sillón del Cristo»:
cueva labrada a golpes de sueños.
Sillón en el que yo también me senté.

«Yerbabuena».
Ejército de palo de mi niñez.
Pinos mediterráneos:
eco verde de una flota.

Adiós y esperanza de la marinería.
«Yerbabuena».
Último disfraz de la mar,
cuando persigue al sol.


MEDIANOCHE EN LA MAR

La noche ha sacado sus cuernos amarillos.
Y amenazante,
enseña un millón de dientes en lo alto.

La mar ha colgado su paleta.
Ya no pinta esmeraldas
al costado de mi barca.

En breves oleadas,
invade de negro y plomo a Barbate.

La mar se ha tumbado en la noche
y deja hacer a la luna.
El cuarto creciente pinta arabescos blancos.
Son alfanjes huidos de la cara oculta.

La noche empieza su ronda.
Cien luceros bajan a la bahía
y beben las luces de las profundidades.
Son los marineros del océano.
Gitanos en la feria de las luces,
tratantes de la medianoche,
siempre al acecho de una buena pesca.


SINFONÍA EN MÁSTIL MENOR

Sábado en el puerto.
«Virgen de Regla», ojos azules y rojos.

Todos se mecen.
No hay marinería;
sólo un enjambre de tablas
juega a ser barcos.

«Gavitán», ojos verdes y rojos.
Las encinas, en los mástiles,
han hecho un bosque provisional.
Un bosque donde anida el radar.

«Carmen Oliva», ojos rojos y blancos.
Ojos de madera,
siempre a «proba»,
siempre abiertos.

La flota achica el cansancio de ayer.
«Bahía de Barbate», ojos rojos y redondos,
como la mirada de este pueblo.

«Nautilus», ciego, blanco a «proba».
Tres gaviotas se han montado en el viento.
Juegan a robar parpujas.

«Papaico» y «Manolo Cid», ojos almendrados.
La mar cuchichea por las amuras,
pero sólo la marinería la entiende.

Mañana, al alba,
este bosque se llenará de hombres
y echará raíces en la mar.


HE VUELTO A LA MAR

En mi alma, de pronto,
llueven lágrimas de sangre.

Nunca la noche fue tan espesa.
Hasta la luna,
rodando;
parece que huye de mí.

He vuelto a la mar para decir adiós,
para ahogar un amor huérfano.

Y ahora,
con los ojos arrasados,
quiero unirme a la procesión de la noche.

He vuelto a la mar,
en busca del amor que no hallé en tierra.
¡Dios, qué soledad la del que busca!


TÚ, VIEJO LOBO DE MAR

Tú,
que lías la última «picadura» de la vida.
Sinfonía agotada.
Descalzo por la cubierta de los sueños.

Tú, viejo...
fondeado en el tibio sol.
Leyenda varada.
Certero profeta de vientos.

Tú, viejo lobo...
Envejecido de oscuro en oscuro.
Vela hinchada por los recuerdos.
Mudo a fuerza de hablar por dentro.

Tú, viejo lobo de mar...
Sembrador de estelas.
Arrastrado por querencias oceánicas.
Taciturno polizón de la bajamar.

Tú, viejo lobo de mar,
hazme sitio en tu singladura final.


OCASO

El ojo del cíclope ha enrojecido.
Se ha embriagado de mar.

Vientos de poniente,
como polizones de la noche,
le abren camino hacia el oeste.

Y el gigante,
que nació blanco,
se muere de grana y oro.

La mar escribe con ondas romas.
Son sus últimas líneas de amor.

Se enmiendan los poteros,
en busca de la hoya del calamar.
Ya resopla el choco,
naranja y perezoso.

Y los hombres, en el horizonte,
gesticulan con un océano que se muere.

Hay que arriar el alma en el ocaso.
Hay que rendir cuentas y humillarse.
No sea que el plato de la mar se quiebre.


LA BARQUILLA DE CASTILLO

A Pilar

Gitana azul del océano,
hoy me he asomado a tu proa.

Castillo,
tu segundo mástil,
ha oído sirenas bajo tu quilla.

Dice el pescador que la mar habla.
Yo también me he asomado
y la mar,
con mil ojos espumosos, ha sonreído.

¡Navega!
¡Navega!
¡Navega, gitana azul!

¡Navega,, hombre sin fe!
¿Qué sabes tú del cansancio?

Hoy me he asomado a tu proa.
Y la mar ha susurrado en azul y blanco:

¿Qué sabes tú, fugaz desesperanza,
del eterno verde de mi esperanza?
¿Conoces, quizás, mis desmayos en cada playa?
¿Puedes tú librarme de mis cadenas?

Gitana azul del océano.
Hoy me he asomado a tu proa.


A UN BARCO VARADO

¿Se puede apuntalar la muerte?
Dime,
viejo desterrado a las marismas:

¿Qué sueños sostienen tu casco carcomido?

Para ti, como para mí,
acabaron las estelas de juventud.

Con la rabia muda de los apartados,
tu quilla se ha vuelto arena.

Es la ley de los hombres.
Ellos, viejo moribundo de las marismas,
no saben que tu hogar no tiene costas.

No saben que tú y yo
sólo nos ahogamos en tierra.


LA MAR SE HA DORMIDO

Azul y perezosa,
la mar se ha dormido.

Sueña transparencias
al pie de la torre.
Ni siquiera respira.

Mil gaviotas espulgan su lomo verde.
Son trenes blancos,
rodando sin raíles.

La mar se ha dormido a mis pies.
Cree que el sol se ha hecho farero.

Algunos niños,
imprudentes,
apenas si la despiertan en la orilla.

Y la mar, dócil y paciente,
entreabre sus ojos espumosos
y sueña con el bronce imposible de otra playa:
la de la libertad.


«MALITO»

A Manuel Gallardo

Hay sangre de fuego en mi torrente.
Y en mis ojos de halcón,
niebla y nieve.

Fui niño sin saberlo.
Me vi hombre sin quererlo.

Dicen que soy amor de medianoche.
Soy hielo
y abraso en la candela de las malas lenguas.
Dicen que me estiro en la soledad,
como el ciprés en el frío del alba.

Dicen que soy mujer sin perfil.
Dicen que soy hombre muerto para el amor.
Dicen tantas cosas...

¡Se equivocan todos!

¿Quién adivina que el Universo
juguetea entre mis dedos?
¿Quién sabe que lloro sin llorar?

A veces,
 soy vela sin viento.
Y también macho que brama su locura.
Soy corazón de plomo cuando me hieren.

Soy cristal para el hermano
y lanza para la venganza.

¿Quién rasgó elvelo de mi templo interior?
¿Quién conoce la soledad de mis inviernos claros?

Dicen que soy y no soy.
Dicen que ni sufro ni padezco.

¡Se equivocan todos!

Bebo muerte y nacimiento en cada sueño.
Soy hermano de los que me aceptan.
Mi madre es la cuna transparente del Todopoderoso.

Voy por la vida con la frente alta.
Puedo ser legión y flecha solitaria.
Soy amor en cada signo.
Amigo cuando no quedan.
Mujer fiel sin ser hembra.
Hombre cuando se presenta.
Soy ángel sin estela.
Bruma a veces.
Otras, oro, plata y siempre: Manuel Gallardo.
«Malito», para quién lo quiera.


ENCADENADA

Parece un juego,
pero tú y yo sabemos la verdad.

La mar habla,
la mar grita su cautiverio
contra la indiferencia amarilla de la costa.

Con labios azules,
gime una y otra vez.

La mar está presa.
Alguien, una vez,
le puso cadenas de coral.

La gaviota se burla de su cara plana.
Ella y yo lo sabemos:
sus dedos redondos no alcanzarán jamás la risa
verde de los ríos.

La mar está presa.


NO ESTÁS SOLA

Para Ana

Cuando la pena sin nombre te hiera.
Cuando se abra en ti la distancia,
como un lobo de hielo,
entonces conocerás tu verdadero temple.

Cuando sople el levante en el río dócil de tus ojos.
Cuando nadie se detenga junto a tu sombra,
blanca de soledad,
entonces sabrás de qué manantial bebiste.

Cuando la montaña de la vida te oculte.
Cuando sólo escuches
como única respuesta a tu cansancio,
el eco de tu espíritu,
entonces,
Ana, sabrás que no estás sola.

Entonces, en el filo del sendero fugaz de esta vida,
aparecerá la «estrella» que nació contigo.

Entonces, sólo entonces,
aquel que nunca muere,
te extenderá su mano de oro y cristal.


LA SERENA BELLEZA

A Sofía

Como la más audaz esperanza.
Así germinó tu belleza.

El rayo del milagro cayó sobre ti,
dejando al cielo sin el mejor de sus azules.

Lejos de amarillear,
tus ojos parpadean primavera.

Lejos de hacerse humo,
tu sonrisa caldea mi corazón.

Lejos de agostarse,
tu juventud se estira hacia los luceros.

Lejos de oscurecer,
tu alma se ha hecho lirio.

Y detrás de aquella infancia
te presentas como el calendario sin tiempo.

Eres la sorpresa de cada día.
El temblor rojizo del alba.
Eres el amor que un día planté.

Como la más audaz esperanza.
Como la más serena belleza,
así pervives en la distancia.


TU MIRADA

Quisiera cincelar tu mirada.
Grabarla al pie de mi alma.

Quisiera recortar tu corazón
y hacer piedra de aquel instante.

Todo estaba en tus ojos:
el fuego invisible de un amor imposible,
el puente sin palabras de tu ansiedad.

Todo estaba.
Todo flotaba en tu mirada,
único puerto para mi soledad.

Quisiera robar aquel atardecer
y llevarte sin tocarte.

Quisiera no haberte conocido.


CORAZÓN DE MUJER

Yo,
que soy como el viento,
estoy cautivo en la red azul de una estrella.

Yo,
que sólo amo la estela de mi libertad,
he zozobrado en el reflejo de la luna

Yo,
que cuento mis días por sensaciones,
estoy varado en el presente de tus ojos.

Yo,
que soy el horizonte de mí mismo,
estoy sin rumbo frente a la costa de tu mirada.

Yo,
gaviota solitaria sobre los farallones del amor,
yo, ahora,
sé de algo más grande que mi libertad:

el corazón de una mujer.


MAÑANA VOLVERÉ

Mañana volveré al mundo.

Regresaré al imperio de los ausentes.
Nadie sabrá de mi llanto.
¿Quién intuirá que vengo de mí mismo?

Mañana volveré al mundo.

¿Quién conducirá conmigo
el lienzo de mi infinita melancolía?

¿Quién descubrirá en mi alma
las huellas del ángel que fui?

¿Quién puede enjugar
las lágrimas de mis constantes despedidas?

Mañana volveré al mundo,
pero,
¿quién sabrá que no soy yo quien vuelve?